Instant Articles ha pasado de ser la solución a la crisis del periodismo a un problema en apenas dos años

Instant Articles ha pasado de ser la solución a la crisis del periodismo a un problema en apenas dos añosHace alrededor de dos años, cuando terminaba el invierno y arrancaba la primavera de 2015, un anuncio parecía arrojar algo de luz al pesimismo imperante en el sector periodístico. Facebook, uno de los gigantes de internet, lanzaba Instant Articles: una plataforma que permite a los usuarios acceder a contenidos periodísticos compartidos por medios de comunicación dentro de sus propios muros. Es decir, un acceso prácticamente automático, sin tiempos de carga, a las noticias. Para Facebook, genial: los usuarios pasarían más tiempo en su página y no serían redirigidos a otras webs para leer artículos a los que acceden a través de su red social. Pero, ¿y para los medios?

Cuando en los primeros meses de 2015 Mark Zuckerberg anunciaba el lanzamiento de Instant Articles, muchos medios de comunicación vieron en este movimiento el desatascador que estaban buscando desde hacía años. Tras casi una década de despidos masivos, cierre de delegaciones, recortes y pérdida de influencia e ingresos, la nueva plataforma de la red social por excelencia parecía la llave hacia el maná de la salvación del sector: unir a Facebook, un rodillo imparable de influencia, fiabilidad e ingresos, con los taciturnos periódicos de toda la vida, sólo podía beneficiar a estos últimos.

La percepción de Instant Articles desde los usuarios parecía respaldar todas las tesis optimistas: los contenidos son más rápidos y sencillos de consumir, especialmente desde los teléfonos móviles. Esa adaptación automática de las noticias de medios convencionales a los dispositivos móviles, vistos como presente y futuro del consumo de contenidos, se presuponía como una ventaja. Y, todo ello, con el añadido de comodidad de no tener que esperar unos segundos a que el teléfono abriese el navegador para cargar las noticias y, al terminar de leer, cerrarlo para seguir consultando Facebook.

Un símbolo de un rayo identifica, al visualizar la publicación de los medios, aquellos contenidos que pueden ser consumidos mediante Instant Articles. Los usuarios pueden acceder de manera ágil y leer los contenidos en una interfaz sencilla y sobria, sin riesgos de entrar involuntariamente en anuncios ni molestos pop-ups que se sobrepongan a las publicaciones. Y ahí está uno de los principales problemas para los medios.

El Periódico es uno de los medios españoles que apuesta por Instant Articles¿Cómo monetizar Instant Articles?

La sobriedad y sencillez de la interfaz de las noticias en Instant Articles es uno de los puntos que empiezan a espantar a los medios. La forma que tiene Facebook de mostrar las publicaciones a las que se accede a partir de su plataforma imposibilita la ubicación de muchos módulos publicitarios por parte de los medios. Pero, por supuesto, el problema también está en los clics. Que los usuarios lean las noticias sin salir de Facebook resta visitas a las webs propias de los medios, que además no reciben unos ingresos equivalentes por parte de la red social a los clics que están perdiendo.

Es, como muchos de los problemas actuales del periodismo, una cuestión de dinero. Los medios saben que un porcentaje mayoritario de sus lectores consumen los contenidos desde teléfonos, y que la inmensa mayoría de ellos lo hace con una red social como puente de entrada. Pero no pueden entregar su alma a Facebook mientras económicamente no compense. La apuesta por adaptar los contenidos a dispositivos móviles, una de las patas de la digitalización del New York Times, sólo es viable si las visitas de los usuarios son monetizables. Y con Instant Articles eso no pasa.

Así, lo que hace poco se veía como el clavo ardiendo al que el periodismo debía aferrarse, es hoy prácticamente un solar en lo que a grandes cabeceras se refiere. Según informa el medio británico Digiday en esta noticia, referentes como el propio New York Times, Forbes, Quartz o The Times han decidido dejar de publicar en Instant Articles y hacerlo a través del procedimiento convencional de Facebook. Otro de los grupos mediáticos más potentes del mundo, Condé Nast, ha comenzado a usar la plataforma de forma prudente, sin entregar a Facebook la capacidad de monetizar el 100% de sus contenidos.

La solución de Instant Articles: suscripciones premium

Pese a que desde muchos sectores del periodismo se ve ahora Instant Articles como una plataforma que no les beneficia, otras cabeceras igualmente prestigiosas mantienen la fe. La espantada casi general de medios de comunicación no ha sido seguida por el Washington Post. Su teoría: dar al usuario una experiencia placentera se ve como el punto de partida para fidelizarlos y, a largo plazo, conseguir suscriptores.

El hecho de pagar por consumir información digital, no de forma tangible como con un periódico de papel, es otra de las vías de supervivencia exploradas por el New York Times. Y, para conseguirla, sus rivales del Washington Post apuestan por Instant Articles precisamente por los mismos motivos que llevan a la competencia a abandonarlo.

Medios y Facebook van adaptándose casi día a día a los cambios que se exigen mutuamente: los medios quieren tener mayor capacidad de ingresos sin renunciar a la marca de sus cabeceras en favor de Facebook, y a la red social tener a los medios de su parte le compensa porque generan contenidos potencialmente viralizables a cambio de cederles parte de los beneficios publicitarios, además de aumentar el tiempo que pasan los usuarios con la red social abierta.

Recientemente, Facebook habilitó la opción de que los propios medios pudiesen insertar en los contenidos botones a modo de llamada de atención para que los usuarios se suscriban o compartan las publicaciones. Un pequeño guiño a las cabeceras para evitar la huida general.

Para que el modelo sea sostenible es necesario usuarios que paguen, lo que no parece factible mientras la gran mayoría de medios sigan compartiendo sus contenidos de manera gratuita. Mientras tanto, seguirán en manos de anunciantes, de los algoritmos de Facebook y de la calidad de sus contenidos.

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